Gran Corcho
Yo llevaba entonces un arma corta en la guantera y mi novia Rinola Cornejo creía que era un arma de juguete. Ordené a Rinola que condujera a Gran Corcho al amplio descampado donde terminan Las Ramblas. Corcho apuraba el último pastís en el bar de la mujer marsellesa cuando se acercó Cornejo proponiéndole un trato. Me oculté entre unas cañas. Disparé a bocajarro. Fue un asesinato fácil. Y mi novia quedó deslumbrada. La foto es de los cuarenta, algo anterior a los hechos, por lo que no se nos alcanza a ver.

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